El Ayuntamiento de Torrevieja va a intentar, de nuevo, solventar el punto débil de la industria turística de la ciudad: La falta de plazas hoteleras de calidad. El impulso de la modificación del Plan General para construir 20 torres de 30 alturas en primera línea, que avanzó este diario ayer, está enfocado también a este objetivo puesto que buena parte de los usos de esos inmuebles sería hotelero si la Generalitat da su visto bueno a la tramitación. El objetivo es multiplicar por cuatro la capacidad del municipio, desde las actuales 1.200 plazas, hasta las 5.000 o 6.000. De hecho, ya se está hablando con empresas del sector e, incluso, ofertando suelo y zonas con posibilidades a desarrollar gracias al impulso de la sanidad, el deporte o la cultura.
Este proyecto no es nuevo, pero nunca ha triunfado. De hecho, a finales de los años 90, la administración local realizó una modificación puntual del planeamiento para intentar sacar adelante una oferta de alojamientos digna. Ese planteamiento se estrelló con las expectativas de beneficio económico rápido que entre 2000 y 2007 ofreció cualquier solar sin edificar en el casco urbano y la aplastante oferta de plazas de alojamiento en apartamentos para alquiler o segunda vivienda. El beneficio inmediato de levantar un edificio de cinco plantas para uso residencial en el centro de la ciudad era 30 veces superior a la gestión de un hotel.
Según las estadísticas de la Agencia Valencia de Turismo, la quinta ciudad en población de la Comunidad, con más 103.000 habitantes, tan sólo cuenta con doce hoteles con una capacidad de 1.200 plazas y seiscientas habitaciones. De ellos, menos de la mitad son de tres estrellas y la mayoría están estrechamente ligados al negocio inmobiliario, ya que sirven de alojamiento a quienes visitan la ciudad para comprar casa. Se trata del mismo número de establecimientos que la Generalitat registraba hace diez años.
En la planta hotelera de Torrevieja no figura ni un solo hotel ligado a una cadena, ni tampoco hoteles de cuatro y cinco estrellas, con la paradoja de que el Ayuntamiento debe alojar a sus invitados más ilustres; por ejemplo, durante la celebración del premio internacional de novela, el segundo más importante del país, o con la llegada de grandes conciertos en verano, en alojamientos de cuatro estrellas de municipios limítrofes, como Rojales, Guardamar del Segura, o Algorfa. Otro ejemplo más cercano se ha producido durante la visita de los ejecutivos de Microsoft al Hospital Público este mes. La comitiva de la multinacional informática, que entonces aún valoraba la ubicación en la ciudad de su centro mundial de investigación sanitaria (confirmada el viernes por el presidente Camps), tuvo que alojarse en un "resort" junto a un campo de golf a 15 kilómetros, en Algorfa. Y otro ejemplo, Guardamar del Segura, con poco más de 15.000 vecinos, cuenta con una planta hotelera mayor, casi dos mil seiscientas plazas, y oferta de cuatro estrellas.







