El Programa Agua que dejó la ministra Cristina Narbona y que avaló Rodríguez Zapatero para darle autonomía hídrica a la cuenca del Segura tuvo una arrancada de caballo y ahora sufre una parada de burro. El año pasado se produjeron unos 80 hectómetros, casi todos para los abastecimientos. Un volumen muy alejado de los 280 que se esperaba obtener en 2008 para las provincias de Murcia y Alicante.
Si te toma una perspectiva más amplia, esos 80 hectómetros representan la quinta parte de lo que necesita la cuenca del Segura para equilibrar su déficit anual, según el nuevo plan de cuenca. El equipo de Narbona tenía previsto construir la mayoría de las desalinizadoras (muchas recogidas en el PHN) durante la legislatura 2004-08 para sustituir al derogado Trasvase del Ebro. Seis años después, la situación es muy distinta.
El balance invita más a la frustración si se tiene en cuenta que de las once desalinizadoras proyectadas en ambas provincias sólo hay cinco terminadas, aunque una de ellas, la de Valdelentisco, funciona al 25% de su capacidad. Las grandes fábricas de agua de Torrevieja y Águilas tendrán que esperar casi dos años más porque aún deben construir el tramo marino para la toma de agua y el vertido de la salmuera, que es la parte más complicada. Ambas iniciaron las obras hace tres años, en los que no han faltado enfrentamientos entre el Ministerio y los ayuntamientos, sobre todo el de Torrevieja, por los permisos y autorizaciones, con la guerra del agua como telón de fondo.
Desde sus inicios, Águilas y Torrevieja necesitarán al menos cinco años para producir la primera gota de agua, un récord en comparación con la segunda planta de San Pedro del Pinatar, que se construyó en un año por la vía de emergencia. Claro que en este caso había dos factores importantes: las obras de toma y vertido estaban hechas, y había una urgencia total para eliminar el déficit de los abastecimientos y desterrar los cortes de agua.
Cristina Narbona dejó terminadas cuatro desalinizadoras -dos en San Pedro y dos en Alicante- que han salvado los abastecimientos, pero los nuevos responsables del Ministerio han ido perdiendo la fe y el entusiasmo por la desalinización como la solución de todos los males. Se pasaron al discurso de los Gobiernos de Murcia y de la Comunidad Valenciana en cuanto se marchó Narbona y ven esta fórmula como un complemento. Terminarán las obras que hay proyectadas, pero sin urgencia. Consideran que es una alternativa cara y contaminante. No sólo por el alto coste de producción de cada metro cúbico -cada vez mayor por el aumento de la tarifa eléctrica- sino también por el mantenimiento y reposición de los equipos. En cuanto a la contaminación, pesa cada vez más el incremento de CO2 derivado de la producción de energía.
El depósito de la salmuera en el mar también está levantando voces en contra. Expertos de la Universidad de Murcia sostienen que el agua de rechazo que se devuelve al mar con una elevada concentración de sal, no se dispersa totalmente, sino que cae en el fondo «como una lengua de plomo». Allí donde se deposita, aniquila cualquier vestigio de vida animal o vegetal arraigado en la zona.







